El origen de los regalos de Navidad

Viajamos al pasado para recuperar el significado esencial de regalar en fiestas de invierno en nuestros tiempos

Es costumbre hacerse regalos en estas fechas señaladas en vacaciones de invierno o Navidad donde tradiciones paganas y cristianas se entrelazan llegando a celebrar el amigo invisible, el Tió, el Papá Noel, los Reyes Magos...según creencias y preferencias. ¡Estas semanas se convierten en días de abundancia de comer y obsequios! ¿Pero cuál es su origen?


Si queremos saber el porqué de los regalos, hace falta remontarnos en tiempos antiguos. Las personas estaban conectadas a la naturaleza y sus ciclos. El trabajar y el vivir estaban vinculados a la tierra y a sus animales a través de la agricultura y la ganadería en el ámbito rural.


El invierno era la época del año donde el frío reducía el ritmo de trabajo en comparación a las otras estaciones y propiciaba la realización de rituales y celebraciones como el solsticio de invierno, por ser la noche más larga. Aquí el elemento fuego era clave con hogueras en los espacios públicos y las chimeneas en las casas. Esta fiesta representaba el renacimiento del sol con el retorno del calor y la luz con los días cada vez más largos y tiempos más fértiles con la primavera.

Por lo tanto, hacer regalos en estas fechas simboliza la generosidad del sol y la abundancia de la tierra, la vida, en esencia. Esta tradición surgió como agradecimiento de lo adquirido representado con algo material, en obsequios, así como pedir a las deidades que el futuro fuera igual o más favorable que el pasado. En algún momento, la naturaleza retornó los regalos a las personas a través de elementos mágicos y personajes como el Tió, el Olentzero, el Papá Noel, la Beffana, etc.


Des de la Antigüedad, el solsticio de invierno y el cambio de año fueron considerados como un tiempo de ofrecer regalos a las deidades y monarcas, así como intercambiar objetos entre amistades y la vecindad. El regalo se convierte en un acto de unión y amistad. Pero la Iglesia católica, con la intención de influenciar y eliminar las celebraciones paganas, trasladó esta tradición al día de Navidad asociado al nacimiento del niño Jesús.


Aunque el origen del intercambio de regalos se sitúa en algún momento de la prehistoria, comentar que la tradición romana, de mediados del siglo VIII aC, de hacer regalos como expresión de buenos deseos es la que hemos mantenido hasta nuestros días. Según la leyenda, Tatio, gobernador de Roma juntamente con Rómulo, recibió un augurio el primer día del año mediante unas ramas cortadas en un bosque de la diosa Strenia. Como conmemoración, Tatio hizo que este geste se convirtiera en costumbre y que el regalo recibiera el nombre de strena en honor a la diosa.

Las estrenas eran inicialmente ramas de árboles sagrados y mágicos (verbena, laurel y olivo) como símbolos de felicidad y buenos augurios. Estas evolucionaron en contenido y calidad según el nivel adquisitivo de quien regalaba de manera que los obsequios pasaron a ser dulces, frutos secos, miel, vino, telas...y más adelante, piedras preciosas y monedas de bronce, plata y oro (que dieron lugar a las futuras pagas extras). Las velas y las lucernas fueron un regalo muy popular ya que no sólo iluminaban las casas sino que representaban el calor y la luz del sol.


Y a lo largo del siglo XX hasta hoy en día, los regalos mantienen su carácter práctico abarcando un gran abanico de posibilidades: ropa, joyas, electrodomésticos, juegos y juguetes, etc. Impulsados por la inercia y el consumismo, desconociendo el origen de tal costumbre, nos exponemos a hacer por hacer sin dar un sentido a nuestras acciones.

Podemos dotar de un significado más profundo y mágico a nuestros regalos, haciéndolos más personalizados, no sólo teniendo presente las necesidades y las ilusiones del otro sino también las raíces paganas de tal tradición, centrada en dar, recibir y disfrutar de la abundancia.


Una oportunidad de recuperar la humildad ante los excesos y dar rienda suelta a nuestra capacidad creativa para dar un toque único y mágico a cada regalo ya sea en su conjunto, elaborándolos con nuestras propias manos, como parcialmente con algún detalle: la tarjeta, el papel decorativo, etc.

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Mònica Benguerel Moruno
mujeresymaestras@gmail.com
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