Como un bote de grillos

La reflexión creativa como herramienta de transformación personal, educativa y social

Con manojos de motivación, cucharadas de sentir, un chorro de pensamiento crítico, una pizca de humor, virutas de imaginación y bolitas de acción….se puede dar lo que lo llamo la reflexión creativa. Una herramienta de transformación que nos posibilita poner luz en aquellos rincones oscuros que no nos hacen sentir bien con nosotrxs mismxs ni con el acompañamiento a lxs niñxs.


Para ilustrar este concepto, he escogido el dicho “Como un bote de grillos”. Una expresión con la que podemos rescatar la sabiduría popular y desmenuzarla ahondando en el significado de la creatividad, la autenticidad, la reflexión y el aprendizaje en nuestros tiempos. Una combinación de palabras con las que podemos jugar y dotar de doble sentido esta frase.


Descubrí esta expresión en boca de un ser querido procedente de tierras del Norte. No la había escuchado antes y me encantó al conocerla. La imagen que dibujó en mi mente me fascinó y me divirtió muchísimo. Curiosa expresión para describir el caos mental de las personas...Claro está que es una derivación popular de la expresión más extendida: “una jaula de grillos” al referirse al desorden y alboroto de un lugar como algo negativo. De hecho, la mente no deja de ser un espacio que habitamos con nuestros pensamientos, ideas, imágenes, etc.


Como primera interpretación, me acojo a un sentido más amplio y constructivo de la expresión para reivindicar la “locura” de cada unx en tiempos encorsetados. Entendiendo caos, desorden, locura...como nuestra parte espontánea, libre de juicios, juguetona y creativa que hallamos en el niño o la niña que llevamos dentro y está presente en la infancia.


Lxs adultxs tendemos a planificar nuestras vidas pero dentro de la estructura son necesarios los espacios desestructurados que den paso al juego libre, la curiosidad, la exploración, la imaginación...e incluso al aburrimiento. Éste puede abrir las puertas de la creatividad. Ante el vacío, tienen lugar las inspiraciones. Y podemos hallar respuestas ingeniosas ante los desafíos que nos plantea la vida.


Y para ello, se nos presenta un gran reto: ser nosotrxs mismxs y dejar ser a lxs demás. Es importante liberarnos del techo, las paredes, las barreras que nos embotan y dejar volar esas cualidades que forman parte de nosotrxs para mostrarnos al mundo desde la esencia.


Podemos percibir, cuidar, potenciar y acompañar estas cualidades de la infancia como madres, padres, maestrxs, familiares, vecinxs...y posibilitar un crecimiento y desarrollo saludable basado en el afecto y el respeto a la singularidad de cada unx, a la autenticidad.

La libertad acompañada de límites que nos cuiden, cuiden al otro y al entorno. Por tanto, libertad de ser con sentido de la responsabilidad donde la toma de decisiones nos lleve a la creación de relaciones de confianza y a un tejido social con convivencia de bienestar.

¿Cómo hacerlo? La solución está en el reverso de la expresión ¡Vamos a zamparnos un montón de grillos! Sólo a base de bocados de luz nos hacemos conscientes y aprendemos.


El grillo, diminuto pero resultón, pasa desapercibido en el mundo de los cuentos. Lo que nos revela es de gran transcendencia para nuestro crecimiento. Este animal simboliza esa voz interna que hay en todxs nosotrxs: la intuïción. Seguro que sabéis a lo que me refiero si recordáis a Pepito Grillo de Pinocchio.


Así que, como segunda interpretación, me refiero a escuchar nuestra voz interior y expresarla como linterna en medio de la oscuridad de la confusión y el miedo. Un viaje de dentro hacia afuera para reencontrarnos con lxs niñxs con mayor autenticidad y vivir con mayor sentido nuestro día a día. El equilibrio entre nuestro mundo interno y el mundo exterior que nos rodea es un aprendizaje diario mediante las experiencias que vivimos.


Cada experiencia nos brinda la oportunidad de preguntarnos, reflexionar y dejarnos sentir con claridad para reafirmarnos y/o iniciar cambios en nuestra manera de pensar (ideas creencias, imágenes…), hacer (hábitos, acciones..) y sentir (emociones y sentimientos).


Así que al volver al mundo exterior adultxs y niñxs, podemos redefinir el habitar los espacios de vida en el asfalto y en la naturaleza. Acciones como jugar en la plaza del pueblo, pasear al lado de plataneros, caminar entre senderos...pueden convertirse en un baño de sensaciones fijando nuestra atención en el sentir. Podemos reconectar con el asombro de la vida y redescubrir juntos, adultxs y niñxs, los misterios que nos rodean.


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