Cestas de hojas de higuera

Propuestas creativas y sensoriales para descubrir la higuera con lxs niñxs

Ya está aquí el otoño ofreciendo sus primeros frutos. Si os gusta recolectar, es un buen momento para pasear por la naturaleza con un cesto y tener los ojos bien abiertos. El olor dulce que desprende la higuera os guiará hasta sus frutos. Hay muchas variedades así que podréis encontrar de color verde, morado... Si os encontráis con higos verdes y tenéis dudas sobre si es por su color propio o porque se debe al momento madurativo en que están, ¡no hay nada como activar nuestros sentidos!

A la hora de recolectar higos, me viene a la cabeza el refrán catalán "una figa per ser bona cal que tingui tres senyals: clivellada, secallona i picada del pardal". Así que no sólo observaremos de qué color y cómo está la piel sino que nos hará falta practicar el arte del tacto, que fácilmente aprenden lxs niñxs, para reconocer las blandas. Un elemento que nos indica que nos hemos avanzado es el látex, líquido blanco, que sale de su pedúnculo al arrancarlos.


Durante estos días de septiembre, este árbol está bien cargado de regalos para endulzar nuestro paladar. Si tenéis ganas de saber si sólo da frutos en esta época o también a principios de verano, podéis volver entonces. Y si fuera así, podéis degustar las brevas.


Me parece realmente curioso el nombre en catalán, "figaflor". La primera parte "figa" es higo en catalán de modo que podríamos traducirla en conjunto como "flor de higo". No he encontrado una explicación del porqué la combinación de estas dos palabras en catalán para referirnos a los primeros frutos de la higuera en junio y julio. Así que, haciendo una hipótesis, podría ser que hiciera referencia al proceso de creación del higo, como fruto, habiendo sido flores antes.


¿Sorprendente? El higo crea pequeñas flores en la primavera pero no las vemos porque están dentro de unos sacos. Una vez fecundadas las flores, con o sin ayuda externa dependiendo del tipo de higuera, estos sacos comienzan a crecer y a endulzarse hasta convertirse en higos. Claro está que este proceso se da en los dos momentos de producción del año. Pero precisamente para distinguir los primeros frutos de verano de los de otoño podría ser el motivo de tener nominaciones diferentes ya que las brevas ("figaflors") crecen durante la primavera, estación floral por excelencia.

La higuera se tranforma en un árbol mágico para lxs niñxs al descubrir que los higos son especiales al ser la combinación de flores invertidas y frutos en su interior.


Si os dejáis caer sobre su tronco y alzáis la vista, podéis ver un entramado de ramas bastante gruesas pero muy quebradizas. Lxs niñxs que se animen a escalar este árbol encontraran un árbol bien ancho y resistente que les ayudará a iniciar su aventura poniendo las manos y los pies allí donde haya hoyos. Cada higuera tiene una forma única debido a la gran cantidad de bultos en su corteza.


Su copa enorme acoge y da sombra en días soleados a quien lo necesite. Un lugar fantástico para descansar, sobretodo, después de una buena caminata. Y es que sus hojas son realmente grandes y tienen una forma singular. Las podéis usar como platos de frutos silvestres o bandejas decorativas con el que os ofrece el bosque. Lxs niñxs con su imaginación encontraran seguro otros usos más originales y divertidos.

He probado de hacer coronas con hojas de higuera inspirándome en las representaciones del dios griego Dionisio, protector de este árbol. El limbo de la hoja es muy fina mientras el pecíolo es largo y se engrandece en su extremo. Enlazamos las hojas unas con las otras atravesándolas con el pecíolo pero acaba pesando y engrandece el agujero escapándose. Una creación nada fácil ni práctica para los pequeños por su complejidad pero sí para lxs adultxs que quieran dejar ir su creatividad e ingenio. También, por el tamaño grande de las hojas, os puede pasar que al tenerla en la cabeza os de la sensación de llevar más un sombrero pamela que una corona.


Con las hojas de la higuera podéis crear abanicos para refrescaros en días bochornosos así como hacer cestitos para guardar los mismos higos y otros tesoros que encuentren lxs niñxs en la naturaleza: piñas, bellotas, moras, piedras, ramas...


Necesitaréis una hoja grande y un palo pequeño pero resistente. Primero hará falta que dobléis el folíolo central hacia el pecíolo, por la cara superior de la hoja, y después doblaremos los otros dos laterales hacia el centro.


Aseguraros que no se han creado espacios a la base para que no se escape lo que guardéis. Si no fuera así, podéis ajustarlo más acercando los folíolos. Uniréis estos con un palo como si fuera una aguja y ya tenéis vuestro cesto. Su forma os puede recordar un cucharón y de hecho lo podéis coger como tal pero depende del peso que pongáis, será mejor aguantarlo por debajo.


La higuera es generosa toda ella ofreciéndonos una zona sombría y fresca para descansar; un laberinto de ramas para trepar; unos alimentos exquisitos para degustar y unas hojas para crear. Un árbol apreciado por nuestros ancestros que la asociaron a la abundancia. ¡Y con razón!

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Mònica Benguerel Moruno
mujeresymaestras@gmail.com
Barcelona, Cataluña
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